Hace unos días conocíamos que el capitán (después generalísimo) Franco perdió un testículo en El Biutz, cuando defendía el enclave de Ceuta allá por 1916. No es el único insigne personaje monórquido (que no monárquico) que nos ha regalado la historia. La misma suerte padecieron Napoleón I y el mismísimo Adolf Hitler, que también el mismo año perdió uno en la batalla de Somme.
Aquel que dictó los designios de España “con dos cojones” como les gusta considerar a sus correligionarios, resulta que a duras penas lo hizo con uno sólo. Aquella voz aflautada y las dificultades para engendrar a su única hija Carmencita (algunas fuentes bien documentadas apuntan que era hija de su hermano Ramón y de una prostituta gallega llamada La Gaviota) debía necesariamente tener gato encerrado.
Aquel que dictó los designios de España “con dos cojones” como les gusta considerar a sus correligionarios, resulta que a duras penas lo hizo con uno sólo. Aquella voz aflautada y las dificultades para engendrar a su única hija Carmencita (algunas fuentes bien documentadas apuntan que era hija de su hermano Ramón y de una prostituta gallega llamada La Gaviota) debía necesariamente tener gato encerrado.
Pero puestos a especular, ¿no pudo regalárselo a Hitler en la famosa reunión de Hendaya?, ¿Qué les hubiese pasado a los españolitos si hubiese tenido los dos intactos? ¿No sería que en su testamento político se los hubiese legado a Federico Trillo? Porque la verdad, hay que tener más de dos gónadas, o quizá ninguna, para que después de su indigno papel en la gestión del desastre del Yak-42 todavía no haya presentado su dimisión y se retire definitivamente del mundo de la política. ¡Manda huevos!









2 comentarios:
Mas só com um, fez de Espanha um Pais a serio. Outros com dois, nada fizeram.......
¡Cojones, Franco ha resucitado y "fala galego" como Fraga!
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